De refrescos azucarados y combustibles fósiles. Distinto daño, misma manipulación

Domingo Jiménez Beltrán – Presidente de la Fundación Renovables

Flickr/Álex Pascual Guardia

Parece que coinciden en el tiempo y en la urgencia la necesidad de una dieta hipocarbónica para la economía, con el abandono de los combustibles fósiles, y la de una dieta hipoazucarada para los ciudadanos, con menor consumo de bebidas azucaradas y en muchos casos también carbónicas.

Y lo curioso es que mientras alguna de las medidas más eficaces para la reducción del consumo de los combustibles fósiles, como sería el poner un “precio al carbono” o una tasa o impuesto a las emisiones de CO2, no logra abrirse camino por la enorme resistencia de bastantes países – entre ellos los petroleros – y de los oligopolios energéticos y eléctricos, sí que está empezando a tomar enorme fuerza la propuesta de la Organización Mundial de la Salud de un impuesto nada menos que del 20% para frenar el consumo de las bebidas azucaradas, generalmente carbónicas, cuyo sector lidera Coca Cola, para combatir la epidemia global de obesidad.

Epidemia sobre la que el leído autor de “Sapiens” y ahora de “Homo Deus” se atreve a decir:” For the average American or European Coca-Cola poses a far deadlier threat than al-Qaeda”. Es Yuval Noah Harari el que lo dice, yo no me atrevo ni a traducirla, no vaya a ser que alerte a los abogados de CC.

Y hay más similitudes en cuanto a los procesos de generación formal y sobre todo en las dificultades para que se impongan soluciones o respuestas ambiciosas, urgentes y posiblemente drásticas, entre estas dos epidemias, o mejor dicho pandemias, de origen claramente humano.

Decía Gandi que “algunos tienen o tenemos que cambiar para que todos vivamos mejor” y en ambos casos podemos decir que hay sectores económicos y empresas específicas con situaciones dominantes en el mercado global, como serían las empresas de las bebidas carbónicas edulcoradas por un lado y los oligopolios energéticos por otro, que se resisten al cambio y además de formas a veces nada ortodoxas.

Estos días la prensa, se hace eco de un estudio publicado por el “American Journal of Preventive Medecine” que confirma lo que ya se intuía y es que Coca Cola, y Pepsi “pagaron millones a organizaciones de salud para mejorar su imagen” con objeto, según el informe ”probablemente” de debilitar el apoyo de esas organizaciones a regulaciones restrictivas con el consumo de refrescos azucarados y mejorar su imagen.

Una imagen que se ha visto sin duda afectada por el contenido en azúcar de su producto estrella y que ha hecho que ahora maticen lo que era una afirmación de su entonces Presidente de Coca Cola para España, Marcos de Quinto, en 2008 cuando en un encuentro digital de El Mundo respondía a la pregunta sobre la imagen de Coca Cola como asociada con otros refrescos a la mala alimentación, con un tajante “Coca-Cola es un producto muy sano” y que ha pasado a lanzar en mayo de este año, desde su nuevo puesto de VicePresidente y gurú de marketing de Coca Cola en Atlanta, una “estrategia global enfatizando el consumo responsable de azúcar” , reforzando sus líneas lighty así poder mantener su posición dominante también en la ineludible dieta hipoazucarada.

¿No les suena esto a algo similar en materia de Cambio Climático? Con empresas energéticas y eléctricas pagando primero informes y campañas (sin entrar en la del “primo de Rajoy”) para desautorizar o minorizar el Cambio Climático y pidiendo ahora tiempo para poder integrarse en una dieta energética y económica hipocarbónica. E intentando igualmente trasvasar su posición dominante, como la Coca Cola, a la nueva situación, reforzando primero nuevos productos más “light” carbónicamente (gas, gasificación y captura del carbono, nucleares…) y luego forzando las tecnologías renovables no accesibles al público y frenando las accesibles como la fotovoltaica en régimen de autoconsumo.

Pues bien aquí viene ahora la prueba del algodón .En esta situación, con estas resistencias al cambio de algunas empresas y la necesidad de una respuesta social en una economía de mercado y para hacer frente a estas pandemias de la obesidad y el cambio climático: ¿Se alinearán las empresa con la propuesta de la OMS de introducir un impuesto para reducir el consumo de bebidas azucaradas y la obesidad, y  con algo similar, un impuesto al CO2, para reducir el consumo de combustibles fósiles y con ello la contaminación atmosférica y mitigar el Cambio Climático? Simple internalización de costes

Desde aquí hago una llamada que debería ser un clamo popular para que:

El sector de bebidas azucaradas con Coca Cola y Pepsi a la cabeza se pronuncien a favor de un impuesto para las bebidas azucaradas (cuando lo intento la Generalitat hace poco no tardo en retirar su propuesta curiosamente después de la visita del Embajador de EEUU), que podría destinarse a financiar programas sanitarios y de promoción de dietas saludables, y si no que sepamos que les preocupa mucho mas su negocio que nuestra salud.

Los sectores Energético y Eléctrico, con Iberdrola, Endesa, Gas Natural, Repsol… a la cabeza se pronuncien a favor de un impuesto al CO2 (realmente eficiente frente al torticero sistema de comercio de emisiones, y lo saben) que además ayudaría a financiar la transición energética tan oportuna como necesaria en España, y si no que sepamos que su negocio y rentabilización especuladora de sus inversiones fósiles les importa más que nuestra salud y el Cambio Climático.

Y que si las empresas no actúan responsablemente nuestro furor como consumidores caiga sobre ellas donde más duele, en el consumo, con doble dividendo para nosotros.

Fuente: Blog 20 minutos.

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