El día después: si la energía cambia todo cambia

Domingo Jiménez Beltrán –Presidente de la Fundación Renovables

Como cada cinco de junio, ayer se celebró el Día Mundial del Medio Ambiente con el objetivo de concienciar a la población de la necesidad de promover el cuidado y la protección del planeta. Un día después, es un buen momento para pararnos a hacer balance e imaginar un futuro más sostenible.

Jacinta Llunch Valero

En el lado positivo, en diciembre del pasado año se celebró en París la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático en la que, tras 23 años de vida del Convenio se ha conseguido un acuerdo global para mitigar las emisiones y limitar los incrementos de temperatura global. Un hito histórico por lograr el compromiso de todos los países – aunque  este sea por el momento insuficiente para alcanzar los objetivos –  que sobre todo ha enviado a los mercados el mensaje de que los activos en energías fósiles, carbón, petróleo… valen cada vez menos, mientras que los de las renovables crecen cada día más, siendo este el primer año en el que la inversión en renovables ha superado a la de los fósiles. Una tendencia que además va en aumento, pese a los bajos precios del petróleo. Las renovables han llegado para quedarse y además para hacerlo solas, ahora solo falta que sea pronto.

En el lado negativo, hemos seguido incrementando las emisiones y aumentando nuestra huella e impacto sobre el planeta. Además, la globalización sigue mostrando sus lado más negativo con un incremento brutal de las desigualdades, de los conflictos y  de las migraciones; problemas que seguimos sin atajar en sus causas primeras, que no son otras que las propias desigualdades, siempre propiciadas por una globalización asimétrica en la que los países desarrollados se han especializado en todo lo que da valor añadido y es poco intenso en mano de obra mientras que los menos desarrollados lo han hecho en la aportación de materias primas, productos básicos y mano de obra barata y todo ello además a demanda de los desarrollados .

Esta mal llamada “aldea global” con una creciente concentración del poder económico y financiero en manos de unos pocos, que tienen más recursos y poder que los propios Estados, y  en la que se distribuyen desigualmente las funciones, los beneficios y los riesgos, no funciona.

Quizás tenemos que buscar la respuesta en la ficción alternativa aunque opuesta que hoy propicia la tecnología, “el mundo en una aldea”, rompiendo la especialización (turismo, fabricación de automóviles, segundas residencias, tomates,…) en producciones y servicios a la que nos condena la globalización (con la dependencia, vulnerabilidad y baja resiliencia que eso conlleva) y en la que nos encontramos en manos de los lobbies económicos y financieros y por qué no de las “marcas”, para pasar de la actual situación de insuficiencia/dependencia vulnerablemente conectada a otra de “autosuficiencia suficientemente conectada” a  todos los niveles: domésticos, comunidades, pueblos, barrios, ciudades, regiones, Estados….

Podemos empezar con la autosuficiencia energética suficientemente conectada, viable a todos los niveles. Y si la energía cambia, todo cambia.

Fuente: Blog 20 minutos

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