Progreso sostenible, medio ambiente y cambio climático. La sostenibilidad energética como vector de cambio

Nos encontramos ante una oportunidad única para cambiar el modelo productivo y de consumo en España, que viene determinada por desafíos urgentes e inexorables como es el cambio climático. En este cambio de modelo deben entrar todas las dimensiones de sostenibilidad, ambientales, sociales y económicas para conformar un modelo de progreso –que no de desarrollo– sostenible, que además debe ir acompañado de una mayor gobernanza o “buen gobierno” global. El vector dinamizador de este cambio ha de ser la sostenibilidad energética, ya que si la energía cambia, todo cambia a nivel global. Con el ahorro y la eficiencia energéticas y el desarrollo de las energías renovables como eje central, así como otra política económica, podemos asegurar la sostenibilidad del sistema energético y la mitigación del cambio climático.

ESTA VEZ SÍ

He participado en iniciativas previas de la Fundación 1º de Mayo (FPM) loables, a veces únicas y siempre en condiciones poco favorables, para cambiar el modelo productivo y de consumo en España y arrumbarlo a un futuro de progreso sostenible, siempre ventajoso para los trabajadores, aunque estos cambios inducirían pérdidas de empleo en sectores que no forman parte del futuro, eso sí, siempre compensadas por empleos en otros sectores, en general, en mayor cantidad y, sobre todo, en mayor calidad o empleos sostenibles bajo el concepto de “transición justa” exigida por el mundo sindical.

Es un placer participar en este nuevo ejercicio de la Gaceta Sindical de CCOO. Creo que la situación quizás es mucho más favorable para este cambio, ya que estamos ante una oportunidad única determinada por desafíos urgentes e inexorables a los que debemos responder sí o sí, como es el cambio climático, que de alguna forma se convierte en la gran oportunidad según acuñó ya Greenpeace hace años con su “de cambio climático a clímax para el cambio” y que ha recogido de forma radical Naomi Klein en su libro Capitalismo contra el Clima con la tesis de que “el cambio climático es la narrativa más poderosa contra el capitalismo”, es decir, lo que nos faltaba para cargarnos de razón y cambiar el sistema económico.

PERCEPCIONES PARA EL CAMBIO

La ocasión se merece que no haga de este artículo un alegato a favor del cambio, prolijo en datos en cuanto a la insostenibilidad de la situación actual, y más de la española, ni de todos los escenarios deseables, viables y oportunos para un progreso más sostenible también y sobre todo para España. Lo que quiero es concentrarme en proyectar a futuro las percepciones que he ido acumulando en mis ya 50 años de vida profesional en el campo del medio ambiente y la sostenibilidad, informando durante los últimos años sobre la insostenibilidad del progreso a nivel europeo y español y sobre las claves para el cambio de modelo, en mis funciones primero en la Agencia Europea de Medio Ambiente y luego en el Observatorio de Sostenibilidad en España.

Como decía Einstein “los datos son los datos, aunque la percepción es la realidad”. Lo que sigue son mis percepciones en cuanto a las claves de la situación y, sobre todo, para avanzar en la inexorable transición hacia un progreso más sostenible, necesidad y oportunidad que todos compartimos.

Estamos ante una opción fundamentalmente estratégica, hay que elegir y elegir bien. El desafío no es tecnológico ni económico, el desafío es fundamentalmente político y sociopolítico ya que requiere el concurso de la sociedad civil. Como decía Bono (el cantautor, que nadie se haga ilusiones) refiriéndose a la pobreza en el mundo “tenemos los recursos, tenemos la tecnología, tenemos los medios, pero ¿tenemos el propósito?” y lo mismo es aplicable a este cambio de modelo económico, para el que no hay propósito y sin él no hay ni visión ni sentido de la dirección para propiciarlo y realizarlo. Este recurrente “desarrollo sin sentido” es la antítesis del progreso sostenible o simplemente “progreso con sentido y consentido” al coincidir con el escenario deseado por la sociedad civil.

El resultado es que estamos o nos tienen ocupados, y en algunos casos muy ocupados, manteniendo e incluso alimentando la insostenibilidad actual.

Sabemos lo que pasa (nuestro modelo de desarrollo, que no de progreso, nuestro modelo económico, productivo y de consumo son insostenibles, no satisfacemos adecuadamente las necesidades de la generación actual y, además, estamos limitando las posibilidades de satisfacerlas a las generaciones futuras) y lo que va a pasar (la tendencia es seguir alimentando esta insostenibilidad y de forma creciente, como muestra el que persistamos para salir de la crisis en el modelo que nos llevó a ella), siendo los mejores indicadores de esta insostenibilidad ambiental nuestra contribución creciente al cambio climático, la degradación del territorio y, en general, de nuestros recursos y activos naturales y del medio urbano, y de la socioeconómica la baja cohesión social, con desigualdades crecientes entre grupos sociales, el desempleo, la precariedad creciente del empleo y el bajo peso del conocimiento en la economía.

Quien no crea que llevamos décadas sabiendo lo que pasa y va a pasar en materia medio ambiental y en general de insostenibilidad de los modelos de producción y consumo, que lea los informes a nivel global del PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente) o del World Resources Institute y, a nivel europeo, de la Agencia Europea de Medio Ambiente y, sobre todo, respecto a nuestro país, del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) mientras duró, puesto que en 2011 lo cerró el Gobierno de Mariano Rajoy.

El mayor delito del OSE fue haber denunciado ya en su primer informe de 2005, y confirmado en los seis posteriores, el corto e insostenible recorrido del entonces mal calificado como boyante desarrollo (generábamos más PIB, aunque con muchos más recursos y degradación ambiental) heredado por el Gobierno Zapatero del Gobierno Aznar y que desgraciadamente no denunció, sino que continuó en la misma senda.

El Informe de primavera, Sostenibilidad en España 2005 del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) anticipaba las claves de la agudización de la crisis para España que se produjo a partir de 2008 y que hoy se vuelven a reproducir para salir de la actual.

Hacíamos más, aunque con mucho más, generábamos más PIB, aunque no del bueno, ya que lo hacíamos a costa de un mayor uso de los recursos naturales y una mayor degradación ambiental y con una reducción de la productividad debida a que el desarrollo estaba basado en la construcción y en el consumo, con crecientes activos inmovilizados y no productivos, con una dinamización de la economía cortoplacista fundamentada en la especulación, sobre todo inmobiliaria, que, además, al obedecer la recalificación del suelo a criterios discrecionales en manos de los municipios, era –así se denunciaba– el caldo de cultivo ideal para la corrupción con posibles derivas en la debilitación de la democracia. Denuncias ya de 2005 cuyas secuelas seguimos viviendo en 2017 y parece que va para largo. ¿Lo sabíamos o no?

Afortunadamente, el OSE no estuvo solo en estas denuncias sino que estuvo siempre acompañado por los grandes humoristas españoles que sí percibieron y siguen percibiendo la situación, como Máximo, del que el OSE se permitió reproducir, con permiso de su autor, una viñeta en la página 41 de su Informe de Primavera 2005 que representaba fielmente el equivocado enfoque del desarrollo español, desoyendo el mandato del Consejo Europeo de Marzo de 2005 de “Apuesta por el conocimiento, la innovación y la valoración del capital humano”, dilapidando recursos no renovables y despreciando los más renovables, y que si no se usan se degradan, como son los recursos humanos y el conocimiento, porque la insostenibilidad no es más que un desarrollo basado en el desconocimiento o en la ignorancia de lo que sabemos. Punto, pelota. Y quien quiera ver bien ilustrados todos los desajustes y la insostenibilidad de la economía que revise las viñetas de El Roto, que es su mejor compendio.

Y para terminar, quien tenga dudas que repase ese popular artículo de David Jiménez, “El triunfo de los mediocres”, que se acaba de recircular en las redes sociales erróneamente atribuido a Antonio Fraguas, “Forges”. En él encontrarán un montón de indicadores y percepciones sociales, entre las que destaco:

  • Que, teniendo dos universidades entre las cinco más antiguas del mundo, no tengamos ninguna entre las cincuenta mejores.
  • Que estemos entre los países europeos con mayor abandono escolar.
  • Que no hayamos tenido todavía un presidente que hable inglés…

Y podríamos citar muchos más mostrando la crisis sistémica de la socioeconomía española, en la que se ha enseñoreado la mediocridad, la ignorancia y la marginación del conocimiento, de lo que vemos cumplidos ejemplos en los reportajes de los extendidos casos de corrupción y que muestran hasta qué punto se cumple el aforismo de mi tierra aragonesa de “cuanto más ignorante el hortelano, más gorda es la patata”.

En general, la insostenibilidad del mal llamado desarrollo español es producto de haber obviado el conocimiento como opuesto al deseable progreso sostenible. Progreso ahora, en el futuro y para una mayoría creciente, cuya condición sine qua non es estar basado en el conocimiento y en decisiones bien informadas y no en la ignorancia, lo que permitiría esa discrecionalidad que tanto aprecian muchos políticos con intereses predeterminados, y no necesariamente coincidentes con los intereses generales, que llegan a sustituir el conocimiento por las falsas certezas, un gran indicador de la mediocridad, aunque también de agudeza manipuladora.

Este trueque permite situaciones tan kafkianas como las que en materia de política energética, de interés por su papel de vector de cambio, denunciaba recientemente Fernando Ferrando al escenificar el contraste entre el Informe sobre energía y sostenibilidad en España para 2015 de la Universidad Pontificia de Comillas sobre el sistema energético español y su flagrante insostenibilidad (bien anclado en el conocimiento y la información objetiva) y la satisfacción por la situación sectorial y global de la energía en nuestro país mostrada con ocasión de la presentación del Balance Energético de España, acto que contaba con la participación del Ministerio. Satisfacción que, manifiestamente, ignora el diagnóstico de la UPC en un claro ejemplo de apología de la ignorancia y que deberíamos denunciar como insulto a la inteligencia de la sociedad española y como un indicador de la mediocridad de nuestros gobernantes energéticos en lo que se refiere, al menos, al ejercicio de gobernanza o buen gobierno para el que les hemos elegido.

Lo más flagrante, y que viene a colación de la apología de la ignorancia, es el recurso que se hace en política energética (se podrían analizar otras igualmente) a las falsas certezas, por no llamarlas simplemente “mentiras” que, como ya practicaba Goebbels “repetidas mil veces”, al proliferar y multiplicarse en los medios con la publicidad de los voceros (incluidos publirreportajes) de los poderosos oligopolios eléctricos “calan como verdades” en el conectado subconsciente ciudadano.

Recordemos que las falsas certezas han sido y continúan siendo un instrumento político de primer orden en la política española y su marginación del conocimiento, con clásicos ejemplos del pasado como el de aquel ministro que echaba la culpa de la colza a “un bichito tan pequeño que si se cae de la mesa se mata” o la de aquel otro, ahora presidente, para el que los vertiditos de crudo del hundido petrolero Prestige eran nada, unos “hilillos de plastilina”, o la del entonces presidente justificando la invasión de Irak alegando que “el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva, puede estar usted seguro, les estoy diciendo la verdad” y más y más… que muestran hasta qué punto se puede negar la evidencia como bien ilustra, una vez más, Forges en una viñeta reciente en el diario El País, en la que el médico insiste al Presidente Rajoy para que diga lo que pone en un enorme cartel con un SI y que Rajoy lee repetida y cansinamente como un NO.

Y en lo que se refiere a la energía no vamos a la zaga. Solo voy a citar unos ilustrativos ejemplos:

  • Del ministro anterior del ramo: “no hacer prospecciones de gas y petróleo es un lujo que no nos podemos permitir”.
  • Del anterior secretario de Estado de Energía, ahora presidente de la CNMC: “pagamos más por el recibo de la luz al haber renunciado a la energía nuclear y haber apostado por las renovables”.
  • Del ahora ministro del ramo: “el gran problema que hubo en las políticas que llevaron al déficit tarifario fue que se tomaron decisiones como si la tecnología hubiera avanzado cuando no lo había hecho, y el coste todavía era muy alto”.

La mejor diagnosis del sistema socioeconómico español es que, sin duda, no solo está desnortado, sino que además está desgobernado. La crisis es de sostenibilidad y sobre todo de gobernabilidad o buen gobierno.

Según la Comunicación de la Comisión Europea del año 2000 sobre Gobernanza, esta requiere buenas políticas, eficaces (satisfacer necesidades), eficientes (satisfacerlas con los menores recursos posibles) y coherentes, así como buenas formas democráticas de hacerlas, con transparencia, información, participación pública y rendimiento de cuentas. Según estas claves, la política española, y en particular la energética, sería el claro ejemplo del desgobierno, con gobernantes energéticos mediocres y no sólo del actual Gobierno, sino de, al menos, los tres últimos que la entregaron a los sí avezados oligopolios eléctricos y energéticos.

Así que lo más curioso es que sabemos lo que hay que hacer en general, qué otros modelos de desarrollo, o mejor dicho de progreso, económicos, de producción y de consumo más sostenibles son posibles para asegurar progreso en todas sus dimensiones, ahora y en el futuro, y para una mayoría creciente ya que, como decía Mahatma Gandhi, “hay para todos aunque no para el ansia ilimitada de unos pocos” y que “basta con que esos pocos cambien o cambiemos para que todos vivamos mejor”, aunque esto –como vemos– está mostrándose muy difícil porque somos incapaces de organizarnos para conseguir este cambio.

La cuestión es que sabemos suficientemente lo que habría que hacer en el caso español para atajar la insostenibilidad ambiental:

  • “DesTetar” la economía, muy ligada al abuso del territorio, del turismo y del transporte (las tres T).
  • Descarbonizarla.
  • Desenergizarla.
  • Y desmaterializarla con innovación a tope.

Finalmente, para atajar la insostenibilidad socioeconómica, necesitamos una fiscalidad justa y sostenible, así como una educación potente para cohesionarla y energizarla y para reinventarnos e innovar constantemente.

SI TANTO SABEMOS ¿POR QUÉ NO LO HACEMOS?

 La tesis es simple: la protección del medio ambiente y la mitigación del cambio climático no se conseguirán directamente con las políticas ambientales, siempre marginales por considerarse un lastre para la economía, ni con las políticas de lucha contra el cambio climático, en general reactivas y cargadas de un futuro que no acaba de asumirse, sino que se conseguirán de forma más eficaz, eficiente y oportuna como resultado del cambio hacia un modelo de progreso más sostenible, con la sostenibilidad energética como vector dinamizador del cambio que permite plantear paradigmas atractivos y proactivos en los que el empoderamiento y una mayor resiliencia de la sociedad es clave, ya que el nuevo concepto es el de la autosuficiencia conectada empezando por la energética a todos los niveles.

La inexorable descarbonizacion de la energía y de la economía en general no puede hacerse sin una desenergización y desmaterialización de la misma, lo que nos lleva a un nuevo modelo productivo más sostenible, innovador y oportuno además de necesario y sobre todo deseable y cargado de futuro.

Ya hay bastantes países desarrollados como Alemania, Dinamarca, Francia… y hasta China, que han entendido que la descarbonización de la energía y de la economía es el motor del cambio de modelo productivo (y urbano, territorial…). Así lo están asumiendo también países en vías de desarrollo como Cabo Verde, Samoa, Guinea Papúa… y hasta ciudades con escenarios de futuro 100% renovable.

Lo que hace falta es que en este cambio de modelo productivo entren todas las dimensiones de la sostenibilidad, ambientales, sociales y económicas para conformar un modelo de progreso, que no de desarrollo, sostenible y que dicho progreso sostenible venga acompañado de una mayor gobernanza, buen gobierno o gobernabilidad a todos los niveles, local, regional, estatal y europeo, pero, sobre todo, global. No habrá sostenibilidad sin gobernabilidad.

Todos los desafíos ambientales se reducen a uno, el uso eficaz y eficiente de los recursos, empezando por los energéticos, lo que siempre debimos hacer también como oportunidad, y para lo que el cambio climático nos ha cargado de razón contando, además, con el hecho de que disponemos de energías, las renovables, para hacerlo.

GOBERNANZA Y SOSTENIBILIDAD ENERGÉTICA COMO VECTOR DEL CAMBIO A NIVEL GLOBAL

 Si la energía cambia, todo cambia a nivel global. Un cambio que choca frontalmente con los intereses de una gran parte de los países con recursos fósiles y empresas energéticas y eléctricas que tienen en la economía del carbón, de los combustibles fósiles (sin olvidar las nucleares) su fuente de ingresos. Intereses en general especuladores y cortoplacistas, potenciados en forma de cárteles, como la OPEP, o simplemente oligopolios como en el caso español. Estos intereses se trasladan a posiciones muy resistentes como ha sido, hasta hace poco, la de Estados Unidos pasajeramente atemperada durante los dos mandatos del presidente Obama y que se ha recrudecido con la llegada de Trump.

El desafío –como ya he dicho– no es técnico. Disponemos de tecnologías maduras y accesibles en materia de renovables. Tampoco económico ya que la mayoría de las tecnologías no solo han superado lo que se conoce como “paridad de red” al igualar costes en punto de suministro, sino incluso la “paridad de generación”. Así lo demuestra el que las inversiones en 2015 y 2016 en renovables para generación eléctrica hayan sido muy superiores y con mucha más potencia instalada que en tecnologías fósiles y nuclear, a pesar de que estas últimas no solo no internalizan sus costes ambientales, sino que, en contra de lo que se afirma, recibieron en general casi cuatro veces más ayudas o subsidios que las renovables, según la propia Agencia Internacional de Energía. El desafío es –insisto– simplemente político, es de “buen gobierno” o gobernanza.

ACTUAR ES LA CLAVE

 La clave es pasar de posturas reactivas a proactivas que, aunque no se han explicado ni, sobre todo, enfatizado suficientemente, es lo que facilitó (gracias a la capacidad y diplomacia negociadora del equipo francés con Laurent Fabius y Ségolène Royal a la cabeza) el Acuerdo de París en el que está implícita la apuesta por las energías renovables para la transición energética y un progreso más sostenible.

Es determinante que pasemos de hablar simplemente de reducciones de las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (EGEI) como propósito, a considerar dicho objetivo como resultado de un cambio prometedor y oportuno del modelo y del sistema energético a todos los niveles. Cambio que en cualquier caso sería necesario, aunque no hubiera cambio climático, pero que este nos obliga a hacer más rápida y profundamente.

Y, sobre todo, el cambio climático nos ha dotado de algo fundamental para la “gobernanza” de este cambio de modelo energético: nos ha provisto de un indicador para establecer la ruta inexorable de aquí a 2050-2100 y que es la medida de las Emisiones de Gases de Efecto Invernadero, medidas en equivalente CO2, y de su corolario que es el incremento de la temperatura global, para, en cualquier caso, no superar los 2ºC y, en lo posible, los 1,5ºC.

EL PAPEL DE LAS RENOVABLES

Las renovables propician un elemento estratégico clave para la sostenibilidad y el progreso de los países y regiones como es la soberanía energética, soberanía alcanzada con recursos renovables autóctonos e instrumentada, por lo que prefiero denominarla como “autosuficiencia energética conectada”.

Autosuficiencia que, desgraciadamente para las empresas energéticas y eléctricas, ya es posible sobre todo en lo referente a electricidad en sistemas crecientemente electrificados, incluso a nivel familiar, de viviendas, en edificios con autoconsumo o incluso en barrios, explotaciones agrícolas, polígonos industriales y municipios con generación distribuida y gestión energética integradas, que pueden implicar hasta la municipalización de la red como ya sucede en Alemania.

La primera revolución industrial se basó en el carbón, la segunda en el petróleo, la tercera se basa ya en el abandono de ambos como combustibles y carburantes y la apuesta por las renovables. Igual que en aquellos casos, este cambio hacia la sostenibilidad energética puede ser el vector de cambio (o en todo caso un vector determinante) hacia un modelo de progreso más sostenible, más eficaz y eficiente en el uso de los recursos.

UN IMPUESTO GLOBAL AL CO2

 Una vez más el cambio climático, al disponer de un indicador tan evidente, medible y controlable como son las emisiones expresadas en CO2, nos ha dotado de un instrumento posible y potente como sería un impuesto al CO2 a nivel global (preferible al llamado “precio del carbono”) para financiar el Acuerdo de París. Impuesto que, por cierto, ya se planteó en la Cumbre de Río en 1992 y fue torticeramente escamoteado en las negociaciones del Protocolo de Kioto a instancias de EEUU (que luego no ratificó el Protocolo) y que propició un instrumento económico, el del comercio de emisiones, perdiendo así una oportunidad única.

¿A qué esperamos entonces para exigir una fiscalidad global para el CO2 (podríamos empezar por el queroseno de aviación que no paga ningún impuesto) que permita asegurar la Gobernanza del Acuerdo de París? Con esta fiscalidad aseguraríamos la sostenibilidad del sistema energético como objetivo y la mitigación del cambio climático como resultado, además de, finalmente, introducir el vector para el tan necesario cambio del modelo productivo y de consumo que preconizamos desde la Fundación Renovables.

LA HOJA DE RUTA DE LA FUNDACIÓN RENOVABLES

Para concluir, quiero presentar las líneas generales de las propuestas en materia de política energética de la Fundación Renovables que, con el título La energía como vector de cambio para una nueva sociedad y una nueva economía, publicamos en octubre de 2015 y con la que pretendemos contribuir a demostrar que ese camino es posible.

Otra política energética es, efectivamente, posible y necesaria, con el Ahorro, la Eficiencia y el desarrollo de las Energías Renovables como eje central y otra política económica que sustituya a la actual “marcada por un posicionamiento cortoplacista y centrada en la defensa de los intereses del sector empresarial energético antes que en la defensa del consumidor y de los intereses generales de la sociedad”.

Objetivos generales planteados:

  • Reducir nuestra alta dependencia energética del exterior.
  • Reducir el consumo y el gasto energético mejorando la eficiencia de la economía.
  • Eliminar las emisiones contaminantes a la atmósfera.
  • Situar a los ciudadanos en el centro del sistema energético.
  • Propiciar un cambio en la cultura del uso de la energía.
  • Lograr la mayor transparencia del sector energético ante la sociedad.
  • Trasladar señales claras de precio que incentiven una nueva concepción de la energía como bien básico.
  • Optimizar el proceso de transición, desde la realidad actual hasta alcanzar los objetivos.
  • Reducir el peso de las fuentes no renovables, adecuando su régimen a su función de respaldo.

En definitiva,“transformar el modelo energético incorporando, a partir del respeto al medioambiente y del desarrollo tecnológico, un valor seguro y una señal al exterior de liderazgo en el camino hacia una economía descarbonizada”. Propuestas concretas: Ahorro y eficiencia energética:

  • Mercado de derechos de ahorro de energía.
  • Plan de movilidad sostenible.
  • Plan de transporte de mercancías por ferrocarril.
  • Desarrollo del vehículo eléctrico.
  • Saldo energético nulo en toda la nueva edificación.
  • Fomento de las Empresas de Servicios Energéticos.

Energías renovables:

  • Transposición inmediata de la Directiva 2009/28/CE.
  • Incluir el Plan de Energías Renovables en la Planificación Energética.
  • PER: objetivos vinculantes más ambiciosos de los previstos para 2020.
  • Sistema retributivo suficiente y estable por incentivos, con reducciones progresivas hasta alcanzar la competitividad.
  • Marco retributivo propio para las instalaciones de generación distribuida.
  • Soporte de los costes de transición de las renovables por parte de todo el sector energético.

Desarrollo legislativo:

  • Revisión inmediata del Real Decreto de Autoconsumo.
  • Ley de Cambio Climático y Transición Energética (podría englobar otros desarrollos normativos propuestos).
  • Transposición inmediata de las directivas en vigor.
  • Promulgación de la Ley de Ahorro, Eficiencia Energética y Renovables que responda a los planteamientos generales y concretos de esta propuesta.
  • Adaptación de la Ley de Economía Sostenible a la realidad de las exigencias medioambientales u objetivos propuestos.
  • Convertir la fiscalidad en instrumento determinante en el cambio de modelo energético.
  • Creación de la Agencia para el Ahorro y las Energías Renovables.
  • Adaptación de las normas y contenidos educativos para la consecución de una cultura energética sostenible en la sociedad.

Todo ello enmarcado en una Hoja de Ruta 2050 con objetivos ambiciosos para 2020-2030-2040 por simple coherencia con la casi descarbonización total, alta electrificación y desenergización de la economía española con un 100% de renovables en el mix energético en 2050.

Esta hoja de ruta configuraría un proyecto prometedor de país, que yo resumo siempre en conseguir una España Solar en lugar de Toda un Solar, un sistema energético sostenible y con él un cambio del modelo de producción y consumo, una economía innovadora y sostenible y un progreso de futuro, mayor calidad de vida ahora y en el futuro para una mayoría creciente y tendente al pleno empleo. Porque, insisto y concluyo, si la energía cambia todo puede cambiar.

Fuente: Gaceta sindical: reflexión y debate, ISSN 1133-035X, Nº. 28, 2017 (Ejemplar dedicado a: Modelo productivo, empleo y protección social en España), págs. 413-428

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