Reflexiones sobre el proyecto PHN

Domingo Jiménez Beltrán
Director Ejecutivo de la Agencia Europea de Medio Ambiente

1. Aclaración personal

Estas reflexiones se realizan a petición del MIMAM y a título personal y no representan la opinión formal de la Agencia Europea de Medio Ambiente, ni de la Comisión Europea u otras Instituciones Comunitarias. No responden tampoco a ninguna relación contractual con el MIMAM, ya que el firmante señaló que es su práctica, como funcionario público comunitario, no recibir emolumentos por estos trabajos, aunque se desarrollen fuera de su ámbito y horario de trabajo. (Dado el poco tiempo disponible se piden disculpas por los errores de edición y presentación).

2. Aspectos generales

2.1. – Los documentos analizados han sido:

  • Anteproyecto de ley
  • Análisis de antecedentes y transferencias planteadas
  • Análisis del sistema hidrológico
  • Delimitación y designación de acuíferos compartidos
  • Análisis económico
  • Análisis ambiental

2.2. – Se echa en falta un documento resumen del PHN en el que se ofrezca una visión de conjunto, antecedentes y aportación de los Planes de Cuenca, con conclusiones de los distintos aspectos (o volúmenes), propuestas básicas y su justificación incluyendo una presentación ordenada de las actuaciones derivadas.

Todo esto hace no sólo difícil el análisis y evaluación, sino que impide el apreciar la propia consistencia o coherencia del PHN y afecta básicamente a su transparencia.

2.3. – Dada la mayor experiencia del evaluador en temas de desarrollo sostenible y medio ambiente los análisis se refieren básicamente a estos aspectos.

2.4. – Se aprecia un claro desequilibrio en el alcance de información base del Plan, mientras hay una profusión encomiable de datos hidráulicos/hidrológicos y de calidad de aguas, falta en general información sobre el funcionamiento de las cuencas como ecosistemas (y evaluar su degradación funcional) y tanto la identificación y evaluación de alternativas como de los costes y beneficios de todo tipo, económico, social y ambiental, o no aparecen o se encuentran inmersos en la gran masa de información sin obedecer a un esquema lógico y progresivo de análisis (es curioso que la opción de “no transferencia” sólo aparece para evaluar los beneficios ambientales de las transferencias).

3. EVALUACIÓN GENERAL

3.1. – Con los documentos analizados no se aprecia una lógica del PHN más allá de la que parece heredar de todos los planes anteriores de que deben hacerse trasvases de las (mal) llamadas cuencas o sistemas excedentarios a los deficitarios. España, siendo el país con mejor información hidrológica (además de ser el Estado de la UE con más embalses y el quinto del mundo con un 3% del total) parece seguir poniéndola al servicio de un modelo de gestión del recurso agua superado, por no decir obsoleto.

3.2. – Dado que el PHN es el instrumento básico de la Política de Aguas al servicio del desarrollo sostenible del Estado español y de las políticas económicas y sectoriales debería incluir (incluso para coordinar y armonizar los Planes de Cuenca):

Una objetivación de los fines perseguidos en política agrícola (regadíos y producción); territorial (ordenación y planificación urbana); energética, turística…, y las consiguientes políticas de gestión de la demanda en materia de agua y dotaciones alternativas correspondientes.

Una clara identificación y evaluación de alternativas para satisfacer las demandas, incluyendo, por este orden (no exhaustivo) al menos:

La satisfacción de las demandas en base a la mejora, renovación y optimización de las infraestructuras y sistemas existentes. Incluyendo la afloración de nuevos recursos para nuevas demandas en base a instrumentos de ahorro y gestión de la demanda (en Madrid en la sequía 1992-93 se consiguió ahorrar un 25%, se creó/liberó un “megaembalse” de 100 Hm3, que no interesaba al Canal Isabel II mantener luego).

La sustitución incluso con intervención o inversión pública (como las infraestructuras hidráulicas) de desarrollos intensos en agua (i.e. regadíos) por otros con mayor creación de valor, rentas y empleo (por ejemplo industria alimentaria) o de mejora de las explotaciones existentes para mayor valor añadido (cultivos de calidad –integrales; ecológicos- diversificación de producción, mejora de distribución…) y en general desarrollo rural integrado.

Satisfacción, de parte de la demanda de recursos hídricos mediante sistemas innovadores y con futuro, incluso desalinización de agua de mar con energías renovables (en particular por valorización energética de los propios residuos agrarios), claramente aceptables en coste para parte de la demanda, sobre todo por ser más segura (no dependencia de la hidraulicidad), más propia, rápida e incluso en algunos casos menos costosa que trasvases (los análisis realizados son pobres y sin internalización de costes ambientales).

Desde el punto de vista práctico, es posible que la opción o escenario más interesante partiera de la hipótesis “transferencia o trasvases entre cuencas, cero” centrando el PHN en la recuperación de la funcionalidad de los (eco) sistemas hídricos – cuencas (recuperación de cubierta vegetal, calidad de aguas …) y del patrimonio hidráulico (embalses, distribución …) y gestión de la demanda o solución más sostenible; respuesta a un mayor desarrollo socioeconómico (incluso con nuevas demandas de agua) con el sistema existente pero optimizado (creando o aflorando nuevos recursos hídricos por ahorro o mejora de calidad) y por tanto sin crear nuevas presiones ambientales (criterios de –eco-eficacia y desacoplamiento).

Y estas opciones/alternativas son sólo unas pocas (y al hablar del análisis ambiental se ordenara de otra forma); el PHN aparece como una mera justificación de una opción (los trasvases).

3.3. – El PHN no responde a la lógica de la sostenibilidad. Es más, señala y sólo al hablar de medio ambiente y referente a la agricultura y regadíos y demandas hídricas (pág. 259) que la sostenibilidad es “un concepto emergente” y que además “en última instancia no es sino uno de los aspectos del concepto más general de desarrollo sostenible cuya consideración resulta obligada en el contexto de este Plan Hidrológico Nacional”.

Aparte de que este planteamiento choca frontalmente con el Tratado de Ámsterdam, que establece como objetivo de la UE (y consecuentemente de los Estados miembros) el desarrollo sostenible (art. 2 y 6), por tanto no es un concepto emergente. El PHN propuesto no es sostenible ni es instrumento para un desarrollo más sostenible.

El texto del PHN carece, a este respecto :

  • De un enunciado sostenible de las políticas económicas y sectoriales (o simplemente de su enunciado) a las que debe servir. Al aludir a la política agrícola (pág. 260 del volumen “Análisis Ambiental”) indica que en los países desarrollados se asocia sostenibilidad a sostenibilidad económica sin perjuicios ambientales.

Además de que este planteamiento reduce las tres dimensiones del desarrollo sostenible, económicamente eficaz (más calidad de vida y beneficios al menor coste incluyendo externalidades), socialmente equitativo (para todos, ahora y en el futuro) y ambientalmente soportable (con menos uso de recursos y degradación ambiental) obvia todo el proceso en curso de revisión de las políticas comunitarias incluyendo la Agrícola (y su anexa Política de Desarrollo Rural) hacia la sostenibilidad y que deberán ultimarse para la Cumbre de Goteburgo en junio 2001. [Ver COM(1999)22 sobre Agricultura sostenible; informe del Consejo de Agricultura (15 Nov. 99) a la Cumbre de Helsinki (diciembre 99) sobre Agricultura Sostenible e Integración del Medio Ambiente en la PAC].

De hecho la política agrícola sólo aparece como objetivo en lo que se refiere a consolidación de regadíos existentes (no se citan los cultivos a potenciar), cuando es muy posible que esto no sea sostenible ni siquiera en meros términos económicos y que estas inversiones del PHN estarían mejor en desarrollos sustitutivos de mayor eficacia socioeconómica para las zonas receptoras y creación de mayor valor añadido con las dotaciones actuales o incrementadas.

  • De los elementos requeridos para que el propio PHN responda a los mínimos criterios de sostenibilidad como instrumento para uso racional de los recursos y del patrimonio hídrico español, y elemento de coordinación y armonización de los Planes de cuenca.

A este respecto resultaría de interés analizar en qué medida se aparta en su metodología del documento reciente (16 nov. 00) elaborado por la Comisión Mundial de Presas “Presas y Desarrollo. Un nuevo marco para la toma de decisiones”, en cuyos grupos participan, además de la Confederación Hidrográfica del Ebro y otras Autoridades de Cuenca, bastantes de los organismos bilaterales y multilaterales de financiación (i.e. Banco Mundial), y que pretende ser un instrumento de evaluación de proyectos (i.e. los trasvases y obras del PHN) cara a su cualificación para financiación. Y cito en particular los criterios básicos para la selección del plan de desarrollo preferido (pág. 34 del Informe Resumen):

  1. “- La evaluación de necesidades. Confirmando las necesidades de servicios de agua y energía.
  2. – La elección de alternativas. Identificar el plan de desarrollo preferido entre el conjunto de opciones posibles”.

Y las dos recomendaciones que se hacen a los organismos de ayuda y bancos multilaterales de desarrollo (Pág. 40 del Informe Resumen):

  • Asegurarse de que todas las opciones de embalse para las cuales se ha aprobado financiación son el resultado de un proceso acordado de priorización de alternativas y respetan las directrices de la Comisión Mundial de Embalses.
  • Acelerar el cambio de la financiación de proyectos a la financiación de sectores, en especial mediante un mayor apoyo técnico y financiero para evaluar las necesidades y las opciones de un modo efectivo, transparente y participativo, y también mediante la financiación de alternativas no estructurales.

Bajo este análisis, pero ya más en particular considerando las condiciones de los Fondos Estructurales y de Cohesión, la financiación comunitaria de las obras de trasvase y en general de gran parte del Plan de Obras Hidráulicas anexo no puede considerarse asegurada.

Y por supuesto el PHN renuncia a una apuesta innovadora que es lo menos que se puede esperar de un Plan de tanta trascendencia para el futuro de la economía y del desarrollo de España que debe inscribirse en lo que se llama la nueva economía, la economía del conocimiento y la innovación. Debería ser un plan para el siglo XXI y sin embargo, aunque con una información básica envidiable (España está en cabeza), nos retrotrae a la primera mitad del siglo XX.

3.4.- La opinión personal del que suscribe es que este PHN, aunque en líneas generales no se aparta del proyecto de 1993-94 (que entonces como Director de Política Ambiental y responsable de las Declaraciones de Impacto Ambiental me parecía inaceptable y así lo manifesté) es un retroceso con respecto a aquel, tanto en términos absolutos (aquel explotaba o en cualquier caso intentaba justificarse más al haber aceptado la consideración de escenarios y además remitía el tema y proyecto de conjunto de transferencias, que además se admitían como conexiones, a una Evaluación de Impacto Ambiental (EIA) a realizar antes de confirmar su inclusión en el PHN mientras que aquí se intenta aprobar en su conjunto y se remite a la EIA de las partes), como sobre todo por su distinta contextualización.

En estos seis años ha cambiado el contexto ambiental y del desarrollo a nivel comunitario.

  • Ha entrado en vigor el Tratado de Amsterdam, estableciendo el desarrollo sostenible como objetivo de la UE y de sus Estados Miembros (Art. 2 y 6);
  • Se ha aprobado la Directiva Marco consagrando el principio de unidad de cuenca (en el que España y sus Leyes de Aguas fueron pioneras), el de internalización de costes incluyendo las externalidades y costes ambientales y de su repercusión en el usuario (aunque deja a los Estados Miembros su graduación) y la gestión de la demanda (si se considera relevante, como es ciertamente el caso en las situaciones de escasez de recursos), y fija los estándares de flujo y caudales como parte de la calidad (funcionalidad), aunque en esta parte la Directiva ha quedado más desdibujada dentro del proceso de adopción. Y no debe olvidarse que la Directiva es sólo el principio en el proceso de integración calidad-cantidad del recurso a nivel de cuenca.
  • Y está avanzada la revisión de todas las políticas económicas y sectoriales (“Iniciativa -de la Cumbre- de Cardiff”) en clave de sostenibilidad, incluyendo la política Agrícola (hacia la multifuncionalidad incluso ambiental y asociación con una política integral de desarrollo rural), Energética (reducción en cantidad y mejora de calidad, más renovables …) y otras, todas ellas acompañadas de indicadores de sostenibilidad; y está en desarrollo un replanteamiento del uso del espacio y territorio europeo (“ESDP. Perspectiva para el desarrollo del espacio Europeo”), todo dentro de un replanteamiento general de la política o estrategia socioeconómica (Cumbres Europeas de Lisboa y Feira, que culminaran en la de Estocolmo en 2001), con un paquete de Indicadores Estructurales socioeconómicos (o de sostenibilidad socioeconómica).

Y en este tiempo se ha confirmado el proceso de Cambio Climático, que exige, aun más, el recuperar y mantener los sistemas hidrológicos y las cuencas hidrográficas en las mejores condiciones.

Y todo esto es un gran salto entre el marco en el que se planteó el PHN en el 93 y se plantea el del 2000, siete años después y sólo un año antes de la Cumbre de Naciones Unidas de Medio Ambiente a celebrarse en junio de 2001 durante la Presidencia Española de la UE, y que incluye el agua como una de las prioridades.

Y a todo esto parece insensible el PHN. No sólo estamos ante un modelo continuista y superado, sino que choca frontalmente con la lógica ambiental y de la sostenibilidad que se aplica incluso en políticas más duras cuando más en un Plan que debía ser (como reconoce el texto del Análisis Ambiental en su pág. 259) un Plan Sostenible por antonomasia al referirse a uno de los recursos naturales más preciados, sobre todo para España, como el agua.

España debe seguir en cabeza (la Directiva Marco, en parte es resultado de la iniciativa política española del Consejo Informal de Medio Ambiente de Sevilla-Doñana, y el modelo español, y francés, de gestión por cuencas ha sido determinante. Y la legislación española es de las más avanzadas) y no colocarse contra corriente; y la gran ocasión es un PHN sostenible, innovador, modélico y para el siglo XXI.

4.- ANÁLISIS ESPECÍFICO DE LAS DISTINTAS EVALUACIONES DEL PLAN
4.1. ANÁLISIS AMBIENTAL

Como se señala en el volumen de “Antecedentes y Transferencias Planteadas”, el Consejo Nacional del Agua en su Pleno de junio 1994 pidió ya que se realizara un análisis ambiental “ex-ante” del trasvase sin perjuicio de las Evaluaciones de Impacto Ambiental ulteriores, y todo ello para evitar (como en su día planteaba la entonces existente Dirección General de Política Ambiental-DGPA-) que se fraccionasen las evaluaciones y que posteriormente cada proyecto trazado u obra específica viniera obligado por el conjunto del trasvase o resto de los proyectos. Las alternativas son un elemento clave de las EIA (útil en primer lugar de selección, y luego de optimización).

Aunque en el volumen se aclara que este análisis no es obligado en este momento por la legislación española y Directivas comunitarias que transpone, aspecto discutible por cuanto se trata de un proyecto en sí, el de transferencias, que aquí se analiza (proyecto que claramente ahora o después y siempre en su conjunto requiere EIA), no cabe duda de que el PHN no puede evaluarse sin un verdadero análisis ambiental de los trasvases (que además se pidió ya por el Consejo Nacional en 1994, como se señala anteriormente), y esto una vez admitido que el PHN no es en sí un plan de uso sostenible de recursos que obviara dicho análisis al integrarlo en su concepción básica, cosa que como dicho antes no hace.

La primera cuestión antes de llegar a analizar las conclusiones es si el trabajo realizado puede catalogarse de análisis ambiental. La respuesta es categóricamente NO.

Un análisis ambiental de un proyecto, a menos que sea de mera justificación o de optimización ambiental ante el hecho de que se tiene que hacer necesariamente de una forma, debe incluir un análisis de alternativas, incluida la de no hacerlo, cada una de ellas acompañada de las correspondientes medidas para seguir satisfaciendo los objetivos del proyecto.

Como ya se señaló antes, el PHN no responde a la lógica de la sostenibilidad al no buscar alternativas más eficaces, y esto se hace más evidente al acometer el análisis ambiental.

El análisis ambiental es un instrumento en primer lugar de análisis y selección de alternativas y luego de viabilidad/aceptación de la alternativa seleccionada teniendo en cuenta también los costes y beneficios económicos/sociales correspondientes. Y este análisis no lo es tal.

Posibles alternativas: (dentro de las anticipadas en 3.2. y según el interés medioambiental).

1. Del posible óptimo ambiental y sostenible

Sin ninguna nueva obra de transferencia, ni posiblemente, de regulación.

Satisfacción de los déficit mediante afloración de caudales en base a optimización de sistemas y usos existentes y abandono de los ineficaces (construcción virtual de “megaembalses o megatrasvases), y en general mediante la gestión de la demanda. [En los años 93-94, aunque no fue recogido como escenario en el PHN la DGPA, como preparación para el que se preveía EIA del trasvase, ya realizó una evaluación de la viabilidad técnica de esta alternativa].

En este caso el PHN podría considerarse como un verdadero Plan Sostenible si este proceso de optimización innovadora (tecnología a tope) del funcionamiento de las infraestructuras hidráulicas y usos del agua existentes se complementa con una programación, coordinación y armonización para mayor eficacia de los planes de saneamiento, recuperación del dominio hidráulico, regeneración de suelos y cubiertas vegetales … para que cada cuenca funcione óptimamente como ecosistema, como “fábrica” de agua y como también unidad natural territorial a efectos incluso socioeconómicos.

España, como uno de los países europeos con mayor tradición y experiencia en la gestión por cuencas, podría colocarse con este planteamiento en cabeza en la UE y en la aplicación anticipada de la Directiva Marco de Aguas, en lugar de ser el primero que responde de forma en cualquier caso dudosa al objetivo básico de la Directiva que es la gestión integral por cuencas y por tanto en principio con un planteamiento de autosuficiencia y sin trasvases.

El que cada cuenca se plantee como principio la autosuficiencia debe llevar a una responsabilización y cuidado máximo de la misma y de sus recursos y su puesta a punto óptimo como ecosistema y sistema socioeconómico, lo cual es además absolutamente necesario cara a los previstos cambios climáticos; y esto también debe considerarse cara a las cuencas cedentes que perderían parte de su potencial para enfrentarse a dichos cambios en condiciones óptimas.

2. Entre la Alternativa 1 y la considerada como base, con sus distintas opciones, en el PHN Alt. 3, caben muchas otras y referentes a la satisfacción de los déficits en distintas graduaciones y formas, como por ejemplo:

Alt. 2.1. Con las obras o parte de las obras de regulación pero sin las trasferencias entre cuencas. Y el resto de los déficits satisfechos como señalado en Alt.1

Alt. 2.2. Lo mismo que Alt. 1 ó Alt. 2.1. pero explorando que parte de los déficits se satisfagan por ejemplo en toda la franja costera por desalinización de agua de mar y con utilización de energías renovables, en particular con la valorización energética de los residuos de las propias explotaciones agrarias. Y establecimiento, por ejemplo en ciudades, de redes sistemas separados de agua potable de mejor calidad y sanitaria; sistemas de recogida de pluviales…

Alt. 2.3. Lo mismo que Alt. 1 ó Alt. 2.1. ó Alt. 2.2 pero sustituyendo por ejemplo parte de los usos y explotaciones agrícolas correspondientes por otras actividades económicas, industrias y servicios que creen en primer lugar más valor o valor añadido de las explotaciones agrarias o como simple incremento de actividades socioeconómicas.

Y pueden considerarse muchas más si, con imaginación e intención de planteamiento de futuro, no se tiene una fijación en la satisfacción de los déficits (o de los desarrollos socioeconómicos que alimentan) mediante nuevas regulaciones y transferencias.

Una vez analizadas las alternativas, no se excluye que la solución planteada en el PHN fuera considerada al final como la óptima, pero sería resultado de un análisis lógico y una EIA correcta. En cualquier caso, a este experto le sorprendería enormemente por los grandes problemas y carga para el futuro.

Otras limitaciones del Análisis Ambiental:

Además de fallar por la base, el no considerar alternativas y opciones, el propio ejercicio de análisis de esta supuesta Alternativa 3, la del PHN, tiene serias limitaciones y sería sorprendente que este análisis fuera suscrito o aceptado por el organismo del MIMAM que se ocupa de las Declaraciones de Impacto Ambiental como respondiendo a la muy establecida y rodada en España metodología de EIA.

Hay que notar en particular lo siguiente:

– En lo que se refiere a los impactos ambientales en la cuenca cedente

Los análisis que se hacen, tanto en lo referente a impacto en la calidad de aguas en general (eutrofización, …) como en la salinidad o en los regímenes de sedimentación (regresión, …) en el Delta del Ebro, el trabajo realizado y los datos aportados parecen sólidos, aunque los procesos de eutrofización y de autodepuración, muy afectados por los embalses, no parecen suficientemente evaluados, y curiosamente señala que es posible que el hecho del trasvase y sus usos propugna una mejora de calidad. Pero sorprende como dichos impactos, que existen, se minimizan debido a la antropización existente ya de toda la cuenca fuertemente regulada y con depósitos de sólidos en los embalses y correspondiente regresión del Delta (los aportes, por retención en embalses, ya no pueden ser menos!) a su vez muy explotado en las últimas décadas (zona natural en 1886, ahora sólo en un 20%!). Este parece un planteamiento inaceptable dentro de un PHN ya que se pasa a aceptar una mayor degradación sin intervenir en la degradación (que se ha producido en los años 60-80 y luego estabilizada) existente.

Dicho de otra forma, la degradación por transferencias se acepta porque se superpone a otra mayor existente, cuando el objetivo, como señalado en Alt. 1, debía ser primero el mejorar el estado de los sistemas existentes (¿por qué no hacer inversiones en recuperarlo?), no degradarlos más, sobre todo los más degradados.

Y esto es grave en el caso del Ebro cuya cuenca, por su gran potencial, debería estar en las mejores condiciones para responder al cambio climático.

Y además no se tiene en cuenta ni se analizan las afecciones al funcionamiento ecosistémico de la cuenca, cambios en los niveles freáticos, humedad del suelo y cobertura vegetal, régimen correspondiente de escorrentías …

Como se ha dicho antes, sigue siendo un análisis ambiental orientado a justificar una opción decidida. Aunque los planes de mejora por objetivos de calidad de aguas sigue siendo un buen planteamiento.

El análisis es una tergiversación del instrumento y método de las Evaluaciones de Impacto Ambiental.

– Y en lo referente a la cuenca receptora

Es curioso que aquí, porque conviene, se considera por primera vez el impacto del “no trasvase” que es obvio tendría un impacto negativo si no se hace nada al respecto, teniendo en cuenta además las expectativas creadas (y aquí sí que aparece el cambio climático, por fin).

Sigue siendo un planteamiento viciado, con la búsqueda de la justificación del trasvase.

Como señalado en el análisis de “transferencia o trasvase”, se entra en el análisis o impacto socioeconómico por primera vez del “no trasvase” que aparece muy complejo y difícil de analizar.

Presupone que tal opción implicaría un abandono en la cuenca del Segura (que se supone es la mitad de la zona interesada o afectada) de 140.000 Ha de las 270.000 existentes (que serían las que se pretende consolidar) con pérdidas de capital de 500.000 Mpts y de 100.000 Mpts/año en rentas a largo plazo, que serían el doble para toda la zona que se beneficiaría del trasvase.

No se entra en ningún momento en un replanteo ni de la viabilidad del total de estas 270.000 Ha (que pueden ser más, considerando las no legalizadas y que además son una estimación de 1995), a la luz de la nueva PAC y política de desarrollo rural y de la ampliación al Este y sobre todo de la nueva economía (que puede requerir un mayor apoyo y puesta en valor de las 130.000 Ha consolidadas o sustitución de los sistemas de producción, léase de las otras 140.000 Ha, por otras actividades de más creación de valor y eficacia socioeconómica y ambiental).

Tampoco se entra en la satisfacción de estas demandas o riego de estas 140.000 Ha mediante recursos propios de la cuenca, satisfecho en parte con la mejora de los sistemas y usos existentes y en parte a través por ejemplo de la desalinización y generación a tal fin de recursos energéticos propios (valoración energética de los propios residuos agrícolas que son ahora un problema ambiental y sanitario, plagas, …), opciones que se descartan en lo referente a desalinización como no viables en el Volumen de análisis económico, con planteamientos y datos de costes que no parece representan, como se dirá al analizar este volumen, la realidad (ver o visitar la planta de desalinización para regadío de Mazarrón, Murcia, en la cuenca del Segura!) y desarrollos en curso en este sentido. Por cierto, según la prensa, una empresa alemana acaba de plantear un gran proyecto, de 18000 millones de pts de inversión, para gestión y valorización energética de residuos agrarios en el Sur-Este; tema ya señalado por el suscribe hace años a la Presidencia de la Comunidad de Murcia y a la CA de Andalucía, y recogido por la prensa.

Por cierto, las pérdidas de renta luego se reducen a 30000 – 50000M para el Segura sólo (son a medio plazo ¿) sobre la situación actual.

Para el que suscribe, este análisis de impacto socioeconómico de la “no transferencia” además de dirigido y restringido no aparece claro en absoluto y requeriría una presentación más coherente y un análisis de un experto. En todo caso, el que suscribe tiene la impresión de que este análisis enfrentado a los costes reales y ambientales del trasvase (que son difíciles de apreciar en la también direccionalización y confusión en el Volumen de evaluación económica) podría mostrar el trasvase como no rentable en puros términos económicos y el proyecto se sostendría por razones sociopolíticas, territoriales, …

Y no volveré a analizar el pegote del análisis de sostenibilidad del párrafo 6.6. de este volumen, al que me refiero en un capítulo específico y en distintos puntos de mi análisis.

– Y en lo referente al trazado y sus opciones, y obras del trasvase en sí

El mero análisis realizado muestra ya que habrá problemas, por conflictos y afecciones significativas de espacios naturales en el recorrido, pero se remiten los análisis detallados a los EIA de las obras correspondientes, señalando ya que en algunos tramos los costes de corrección pueden ser elevados y no parecen justificados (sic).

El no abordar con detalle la EIA de infraestructuras lineales en su conjunto, como son las obras de un trasvase, y el remitirlo a EIA de los tramos es una práctica abusiva que en francés se llama “le saucissonnage”, por lo de cortar el salchichón en trozos para poderlo consumir, o en términos de este proyecto dividirlo para ir luego haciendo pasar cada tramo por el proceso de EIA, dejando los más difíciles para el final (caso conocido de las “Hoces del Júcar·” o más paradigmático “Hoces del Cabriel” de la autovía Madrid-Valencia) con lo que los perjuicios ambientales se deben enfrentar a los costes socioeconómicos de no acabar la obra por esos tramos, que al final se hacen.

4.2. DELIMITACIÓN Y ASIGNACIÓN DE ACUÍFEROS COMPARTIDOS

Este análisis se salva del análisis negativo del proyecto. Es una aportación de base valiosa para la gestión racional y protección de los recursos subterráneos que se superponen a las cuencas superficiales, y hay que honrar los trabajos serios realizados por los experimentados servicios del IGM, CEDEX y otros Institutos de las CCAA y empresas especializadas que son una muestra más de los grandes conocimientos hidrológicos e hidrogeológicos en España que hay que poner en valor y al servicio de un PHN avanzado y no desvirtuado por una fijación cuasi centenaria.

El que suscribe no puede valorar y se remite a otros expertos que seguro han analizado este tema, si tanto las 51 unidades planteadas como sobre todo si los índices señalados de bombeo/recarga para clasificar las unidades como de situación en baja (0,2), media (0,2 – 0,8) o alta (más de 0,8) son adecuadas.

Sí echo en falta un análisis de cómo estos acuíferos y los niveles freáticos correspondientes (y por tanto la humedad del suelo y cubierta vegetal) están y se verán afectados tanto por la explotación de estas unidades como de los cambios en la regulación (y flujos) de los recursos superficiales y trasvases previstos; ni como afectan a la intrusión salina.

También sería interesante conocer, aunque en este sentido la información disponible puede no ser tan buena, la degradación actual y tendencias de estos acuíferos desde el punto de vista de calidad (nitratos y pesticidas en particular), ya que esto puede ser una limitación significativa (y difícil de recuperar) de recursos.

Pero en principio es una buena base.

4.3. ANÁLISIS DE ANTECEDENTES Y TRANSFERENCIAS

En general, y desde el punto de vista técnico, parece bien planteado y muestra una vez más la calidad tanto de los datos como de la experiencia disponible si se pone al servicio de un PHN eficaz e innovador y no predeterminado o “porque si”.

Y muestra, como además reconoce el texto, que el PHN propuesto no es más que una continuidad de los Planes de obras hidráulicas de 1932 (Lorenzo Pardo), de 1940 (Félix de los Ríos), de los trabajos (excelentes) de los años 60 del Centro de Estudios Hidrográficos, y balances asociados a los Planes de Desarrollo, y finalmente del proyecto del PHN de 1993. ¿Es esto lo perseguido cuando este esquema y modelo está superado como el que suscribe viene repitiendo y no hace falta volver a plantear aquí?.

Toda esta información, incluso los balances realizados en el Libro Blanco del Agua de Dic. 1998, se podrían poner en mejor uso que el que se hace en este PHN. Y lo mismo puede decirse de los Planes de Cuenca del 98 que también se merecen un PHN que no sólo los coordine y armonice sino que potencie su capacidad para en lo posible optimizarlos como sostenibles y haciéndolos en lo posible autosuficientes, no admitiendo que exterioricen o trasladen a otras cuencas los problemas de ineficacia y falta de capacidad de gestión y sobre todo de policía de aguas (no se controlan ni las extracciones ni los usos abusivos e ineficaces de aguas) suficientemente, entre otras razones por falta de medios de las CCHH.

La repetición constante de muchos mensajes durante décadas:

  • La existencia de un déficit de más de 3000 Hm3
  • El necesario trasvase al Levante/Sur; imprescindible
  • La importancia de reforzar la oferta para evitar demandas abusivas.
      • Demandas que de hecho se alimentan con este planteamiento de oferta o de facilitación a tope de infraestructuras, que se convierten en objetivo en sí mismas, el síndrome que el que suscribe definió como “vaso veo, embalse quiero” ante el proyecto de 1993 cuando ya en esos años se demostró la no viabilidad/necesidad en puros términos socioeconómicos y de impacto ambiental de embalses como Omaña y Vidrieras y la ampliación de Matallana para abastecimiento a Madrid.
  • Y la continua admisión del crecimiento de los regadíos.
      • Aunque ahora, esto es nuevo, sólo se habla de consolidar lo existente. Sería interesante a este respecto disponer de un Plan de Regadíos que este PHN se supone servir. A falta de un Plan de Regadíos, y además sostenible (y compatible con la revisión de la PAC y el Desarrollo Rural) el PHN falla por la base en su racionalización instrumental.

Finalmente el que suscribe, y en el tiempo disponible, se considera incapaz de analizar y evaluar la racionalidad tanto de las opciones como de las alternativas de trazado y la selección de alternativas óptimas (pág. 259); la presentación no facilita su evaluación y debería hacerse un esfuerzo al respecto ya que esta parte debe redactarse incluso para no expertos.

4.4. ANÁLISIS DE SISTEMAS HIDRÁULICOS

Otro buen ejemplo de la calidad de datos disponibles, aunque como señalado repetidamente no se ponen en valor. Aquí sólo se analiza (y se dice) la viabilidad hidrológica, o yo diría hidráulica, de la transferencia; un buen trabajo al que sólo se le pueden plantear dos cuestiones:

Una, que ya se dice en el propio texto, y es que no considera el análisis de la viabilidad ambiental y económica (objeto de otros volúmenes claramente defectuosos) del trasvase.

Y otra, que debería considerarse si esta viabilidad hidráulica actual es sostenible, es decir, si la propia afectación y degradación de los ciclos hidrológicos y régimen de circulación de cada cuenca no afectan a estos precisos cálculos de flujos, y esto sin entrar en los efectos del cambio climático, que se verán potenciados si los “aparatos” o sistemas naturales no están en condiciones óptimas.

Además, como asimismo indica el propio texto, se plantean unas definiciones de “déficit” y “excedente” en puros términos hidráulicos de uso y aprovechamiento socioeconómico del recurso, y equilibrio entre nulo aprovechamiento y aprovechamiento exhaustivo, sin entrar en absoluto en lo que serían las exigencias (más allá del abusado concepto de caudal ecológico) ecosistemas, los del aparato hidrológico, incluyendo la cuenca, su suelo y cobertura vegetal para seguir siendo una buena fábrica de agua.

Los instrumentos utilizados: mapas de excedentes y escasez (actuales y por horizonte, por ámbito territorial y cuenca y por unidad de explotación), son interesantes para este planteamiento hidráulico, con el que admitiendo que las demandas y expectativas y su alocación territorial son razonables y deben ser satisfechas, lo único a considerar es el régimen hidráulico para finalmente identificar los déficits estructurales y coyunturales, que permiten señalar unas cuencas como cedentes (Ebro, Tajo y Duero, esta última incluso en su tramo final antes de entrar en Portugal remontando aguas arriba) y otras como receptoras (Segura, Júcar, cuencas integradas de Cataluña, y partes del Guadiana y Guadalquivir y cuenca Sur oriental).

El análisis de sistemas hidráulicos parece correcto, pero los ríos y cuencas son mucho más que eso y no se puede responder a una demanda con la que no se ha hecho ningún esfuerzo por racionalizarla (ni siquiera se ha agotado el esfuerzo por legalizarla) y buscarle alternativa, con una oferta también inconsistente y posiblemente no racionalizada que además parece justificarse o sacrificarse a la racionalización o reducción de abusos de la demanda cuando probablemente ocurrirá lo contrario.

Sería interesante poner todo este potencial de datos y capacidad de análisis de sistemas al servicio de la optimización de las cuencas, de cada cuenca, y de racionalización de usos y gestión de la demanda. Y esto contribuiría al análisis o evaluación de la llamada Alt. 1 que se cita al tratar el análisis ambiental del PHN.

Enhorabuena para los expertos que han construido todo este esquema de análisis del sistema hidráulico. Lástima que no se extienda a un análisis ecosistémico y se oriente a un PHN sostenible, y se limite al reparto de agua y a llevar unos adicionales 1050 Hm3 (1000 Hm3 neto/año) a las cuencas deficitarias.

4.5. ANÁLISIS ECONÓMICO

Esfuerzo loable una vez más, pero en este caso no sólo hay que señalar que no se pone al servicio de un planteamiento innovador, como en los casos de los análisis hidrológicos, sino que los datos de base no parecen para el que suscribe correctos en lo que se refiere a alternativas (en particular en lo que se refiere a costes de desalinización actuales y previsibles de agua –salobre o básicamente marina- ni en la costa ni para su transporte al interior) ni con cobertura adecuada (no se incluye ni costes para optimizar y aflorar o recuperar nuevos recursos en la propia cuenca ni para desarrollos sustitutivos con igual o mayor creación de valor económico y social).

Los criterios parecen correctos una vez aceptado que las zonas deficitarias deben recibir 1000 Hm3 y que sólo hay dos formas de hacerlo por el trasvase que se pretende defender o más bien justificar o por desalinización, que se desecha en una simple (rápida, inconsistente y no actualizada) referencia a la desalinización de agua de mar.

Pero los criterios utilizados parecen interesantes aun partiendo de este esquema restringido y viciado. Cito dichos criterios, aunque entre paréntesis se señalan las debilidades a la forma de aplicarlos:

I.- El trasvase ha de ser la alternativa (¿entre cuáles?) al menor coste para suministrar el agua con garantía (¿y la mayor garantía de la desalinización?. Y los costes ambientales en la cuenca cedente, obras de trasvase, …)

II.- Los beneficios en destino, (¿con la falta de claridad señalada en el Análisis Ambiental en el capítulo socioeconómico?) superen a pérdidas en origen (¿y ambientales?) más los costes de las obras necesarias (¿y ambientales?) de construcción, y de operación y mantenimiento.

III:- Nadie (ni nada ?) se encuentra peor que antes del trasvase [esto habrá que preguntárselo también a las generaciones futuras y de las cuencas cedentes y con los cambios que se anticipan y sobre todo a los ecosistemas y naturaleza en general de las cuencas cedentes, que en este caso, y sin que esto no pueda ser aceptable o justificable en un análisis serio, son y serán claramente perdedoras aunque se pongan compensaciones económicas que lleguen incluso a satisfacer a los habitantes actuales (y Administración) de las cuencas cedentes, que no parece ser el caso].

Hay algunos aspectos particulares que chocan al que suscribe y al que le gustaría conocer la opinión de un experto independiente y que contase con más información y más actualizada para hacer un verdadero análisis coste/beneficio:

  • Los costes de desalinización (135 pts/m3 en la zona receptora) no están actualizados (para ver la realidad, visitar la planta de Mazarrón. Murcia) ni tienen en cuenta los avances tecnológicos y desarrollos esperados tanto en materia de desalinización como de energía para hacerlo (en particular con energías renovables, con gran potencial en la zona en particular con la valorización de los propios residuos agrarios que las zonas regadas generan y generarán, que además son un problema ambiental y de sanidad agraria). Y se contradice con una realidad que reconoce el propio análisis de que en bastantes Comunidades de Regantes ya han optado por esta vía aunque todos desearían una transferencia y sobre todo a un precio no real sino político (sería mejor política y más innovadora dando un precio político a la desalinización con energías alternativas y sobre todo con valoración de residuos).
  • No se consideran ni se incluyen costes de otras opciones alternativas ni para generar parte de estos 1000 Hm3 mediante optimización de sistemas y usos existentes, ni para sustituir parte de las actividades o regadíos hoy inviables (no nuevos) por otros proyectos incluso agrarios de mayor creación de valor y más viables. Primar financiación de sectores sobre financiación de proyectos.
  • Y finalmente, no aparecen claros los costes reales de la alternativa trasvase, no los políticos que se equiparan a la tan traída disposición al pago que curiosamente muestra que en gran parte los usuarios están dispuestos, y lo hacen ya, a pagar incluso los altos precios de la desalinización que aquí se plantean.

El que suscribe después de leer el volumen, rápidamente eso sí pero debía ser suficiente, ha sido incapaz de identificar dicho coste que es el que se perseguía conocer mediante el criterio I. Esta incapacidad parece que ha alcanzado a los propios evaluadores que después de muchas disquisiciones y evaluación de obras, de los valores de las zonas regadas y cultivos intensivos, inversiones y rentas generadas, recurren a un análisis bibliográfico de costes en el que se señalan costes de transferencias de hasta 30 – 300 pts/m3 señalando que en cualquier caso esto no podrían pagarlo los usuarios.

Al que suscribe le gustaría saber cual es y sería el coste real de cada metro cúbico de agua trasvasada y si es posible con internalización de costes ambientales (algunos al menos), y entonces hacer una comparación con las otras alternativas (y no sólo las que fija el análisis) para responder al Criterio I y luego pasar con una buena base a los Criterios II y III. Al menos la demagogia no debe alcanzar al análisis económico, y esto sin obviar que al final se pongan precios políticos, por muy poco beneficiosos que sean para el desarrollo sostenible y en contra del espíritu (no de la letra, algo desvirtuada en el proceso de aprobación) de la Directiva Marco de Aguas.

 

Copenhague, 23 de noviembre 2000

Domingo Jiménez Beltrán

Director Ejecutivo de la Agencia Europea de Medio Ambiente

Fuente: http://www.yesano.com/informes/jimenez.htm

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